En el Sol ocurren constantemente breves eyecciones de plasma: las nanojets. Son del tamaño de una pequeña ciudad, viajan a cientos de kilómetros por segundo y desaparecen en menos de medio minuto. Cada una de estas llamaradas es como una diminuta explosión que lanza gas caliente hacia arriba.
Los astrofísicos sospechan que son precisamente estas nanojets las que calientan la corona solar hasta millones de grados, aunque la superficie del Sol es cientos de veces más fría. Pero verlas directamente es difícil: son demasiado pequeñas y rápidas. Por eso, los científicos han construido un modelo computacional en el que dos haces magnéticos dentro de un bucle solar se fusionan y generan una nanojet, como dos gomas elásticas retorcidas que, al desenredarse, disparan hacia arriba.
El modelo mostró cómo debería verse esa llamarada en luz ultravioleta, que es la que captan los telescopios modernos. Resultó que las huellas de las nanojets pueden distinguirse por su brillo, el desplazamiento Doppler (el cambio de color de la luz debido al movimiento) y el ensanchamiento de las líneas espectrales. Esto significa que futuros instrumentos, como la misión MUSE, podrán detectar las nanojets y comprobar si realmente calientan la corona.
Así, el modelo computacional se convierte en un puente entre la teoría y las observaciones: ahora los astrónomos saben qué buscar en los datos para atrapar las escurridizas nanojets.
Una nanojet libera en 30 segundos la energía suficiente para alimentar una bombilla normal durante mil millones de años, pero en términos solares es una llamarada diminuta.