El falso vacío es un estado con un mínimo energético local pero no global. Su desintegración ocurre mediante la formación de burbujas de vacío verdadero. Mediante simulación numérica del modelo cuántico de Ising (red de espines) en dos dimensiones espaciales, los autores siguieron el destino de una burbuja tras un enfriamiento rápido del sistema. Resulta que si la burbuja se expande ilimitadamente o colapsa depende de su tamaño y de los parámetros de interacción. Es parecido a cómo una gota crece o se evapora según las condiciones externas. Los resultados pueden comprobarse en un experimento con matrices de átomos de Rydberg, lo que nos acerca a entender la naturaleza cuántica del Universo temprano.
El Universo pudo haber nacido de un estado inestable: el vacío falso. Es como un vaso de agua superenfriada: la más mínima perturbación la convierte en hielo. De igual forma, en el vacío falso una diminuta burbuja de vacío verdadero puede crecer hasta convertirse en todo un Universo. Su destino depende de su tamaño al nacer y de qué tan fuertemente estén unidas las partículas en su interior. Una burbuja pequeña colapsa, como un frágil hielo en agua tibia. Pero una grande se expande imparable, absorbiéndolo todo. Ese proceso podría haber desencadenado el Big Bang y la expansión del Universo. El eco de aquel evento quizá sea la energía oscura, un remanente del vacío falso. Alan Guth fue el primero en sugerir que la inflación fue causada por una burbuja así. Giro inesperado: los cálculos insinúan que nuestro vacío también podría ser falso, y algún día el Universo volverá a renacer.
🎯 Si el vacío falso hubiera sido un poco más estable, el Universo podría haber permanecido para siempre en la incertidumbre, sin llegar a surgir.
🎬 En la colección «Diagramas de vacío» de Stephen Baxter, burbujas de nuevo vacío crean universos con leyes físicas distintas.