Una esponja de cocina apretada en el puño rebota. Pero si la aprietas lentamente mientras se seca, se queda aplastada. Algo parecido hicieron los científicos con unas bolitas diminutas de gel: las dejaron secar mientras las comprimían y observaron qué pasaba en su interior.
El gel está formado por partículas diminutas que se unen formando una red calada, como los copos en un plato de leche. Cuando la bolita se seca, el agua se va y la red se encoge. Resulta que la elasticidad de este gel depende solo de lo juntas que estén las partículas en ese momento, sin importar cómo se hayan comprimido. Pero el patrón de partículas en su interior recuerda cada paso de la compresión.
Este descubrimiento cambia la forma de pensar habitual: antes se creía que la estructura del gel y su elasticidad estaban indisolublemente unidas. Ahora está claro que se pueden ajustar por separado. Estos geles podrían usarse en medicina, cosmética e incluso en construcción, donde se necesitan materiales con una resistencia y una porosidad determinadas.
Una bolita de gel de un milímetro se encoge al secarse sin agrietarse, aunque en su interior se rompen miles de puentes microscópicos entre las partículas.