La capacidad de un material para deformarse bajo tensión de tracción sin fracturarse.La ductilidad es la propiedad que permite a un material sólido estirarse, doblarse o convertirse en un alambre bajo tensión de tracción sin romperse. Es lo opuesto a la fragilidad: un material dúctil cede y se deforma plásticamente antes de fracturarse, mientras que uno frágil se rompe con poca o ninguna advertencia. Este comportamiento es fundamental para que los metales puedan martillarse en láminas o estirarse en alambres, y para que los materiales estructurales puedan doblarse bajo carga en lugar de fallar de manera catastrófica.
El concepto de ductilidad se ha entendido cualitativamente desde la antigüedad, ya que los orfebres y herreros lo explotaban. La explicación científica en términos de dislocaciones fue desarrollada en la década de 1930 por G.I. Taylor, Egon Orowan y Michael Polanyi, de manera independiente.
A nivel atómico, la ductilidad surge de la capacidad de los planos de átomos para deslizarse unos sobre otros sin romper los enlaces que mantienen unido al material. Este deslizamiento está mediado por defectos llamados dislocaciones, que se mueven a través de la red cristalina cuando se aplica tensión. Si las dislocaciones pueden moverse con facilidad, el material se deforma plásticamente; si están ancladas o no pueden formarse, el material se fractura. La aleación, la temperatura y la microestructura influyen en la facilidad con que se mueven las dislocaciones, lo que explica por qué algunos materiales son dúctiles y otros no.
La ductilidad es un criterio de diseño clave en ingeniería: determina si un puente, una tubería o un recipiente a presión se deformarán visiblemente antes de fallar, dando una advertencia, o se harán añicos sin previo aviso. También es esencial para procesos de conformado de metales como el laminado, la forja y el trefilado.
El oro es tan dúctil que una sola onza puede estirarse en un alambre de más de 80 kilómetros de largo.























