Una película de óxido de rutenio es como la película de una burbuja de jabón estirada sobre un marco, pero hecha de átomos. Durante mucho tiempo se creyó que en esta película los átomos de rutenio se ordenaban magnéticamente, como agujas de brújula apuntando en direcciones opuestas. A ese orden se le llamó altermagnetismo y se depositaron en él grandes esperanzas para la electrónica del futuro.
Pero cuando los investigadores dirigieron rayos X sobre la película y observaron cómo se absorbían según la polarización, el panorama no coincidió con lo esperado. La señal, que debería variar al calentar o al cambiar la dirección del campo magnético, permanecía casi igual. Los cálculos revelaron que ese patrón de señal no surge de un orden magnético, sino de que la red cristalina tiene baja simetría: sus átomos están ligeramente "inclinados", como ladrillos en un muro colocados en ángulo.
Así, la película de rutenio perdió su estatus de material magnético. Pero el método en sí, el dicroísmo lineal de rayos X, demostró ser una herramienta fiable: distingue entre un verdadero orden magnético y un simple juego de la geometría cristalina. Esto es importante para no malgastar esfuerzos buscando altermagnetos donde no los hay y centrarse en candidatos reales.
El dicroísmo lineal de rayos X se parece a las gafas de sol polarizadas: dejan pasar solo la luz con una determinada dirección de vibración, y según cómo cambie la imagen se puede deducir la estructura interna del material.