El sonido en una placa delgada se comporta como las ondas en el agua: corre, se refleja en los bordes, cambia de forma. Pero el sonido tiene una rareza: puede atravesar lugares donde la onda tiene prohibido existir. Es como si las ondas de un estanque desaparecieran de repente ante una barrera de piedra y aparecieran al otro lado, sin rodearla.
Los científicos tomaron una placa de espesor variable, que se estrecha suavemente como una cuña. En esa placa, las ondas de Lamb (oscilaciones que viajan por una placa delgada) tienen zonas estrechas donde el movimiento se atenúa. La onda no puede propagarse allí, según las reglas clásicas. Pero el experimento mostró que la energía se filtra a través de esa zona. La onda evanescente se convierte en una onda viajera justo después de la barrera.
Este efecto es como un túnel en la montaña: un tren no puede atravesar la roca, pero si el túnel es corto, sale al otro lado. Para el sonido, ese túnel es una estrecha banda de frecuencias donde la onda está formalmente prohibida. El ancho del túnel depende del material, y esto se puede aprovechar: cambiar el material, cambiar la permeabilidad de la barrera.
Los cálculos coincidieron con el experimento con gran precisión. Esto significa que los ingenieros podrán diseñar estructuras donde el sonido y las vibraciones pasen por unas zonas y se detengan en otras. Por ejemplo, amortiguar el ruido en puentes, aviones o carcasas de instrumentos, sin añadir peso extra.
El efecto túnel de las ondas no es un invento de los físicos. Así pasa la luz a través de una barrera opaca en el microscopio de campo cercano, y las partículas atraviesan una barrera de energía en las reacciones nucleares.