Una computadora cuántica se parece a una orquesta donde cada músico toca su parte, pero a veces desafina. Los errores se acumulan y se necesita a alguien que corrija rápido el sonido. En la memoria cuántica, el enfriamiento hace el papel de afinador: elimina los fotones superfluos, partículas de luz que quedan tras los cálculos. Antes, este proceso era lento, como lavar los platos con agua fría.
Los físicos han encontrado la manera de acelerarlo cientos de veces. Aplicaron una fuerte señal de radio a un qubit superconductor, el corazón del procesador cuántico. Esta señal hace vibrar al qubit, y la vibración se transmite al resonador donde se guarda la información cuántica. Así, los fotones superfluos salen disparados del resonador, como gotas de agua de un plato mojado si lo sacudes bruscamente. Todo ocurre sin intervención humana, automáticamente, en fracciones de microsegundo.
El método se llama "reinicio inducido por vibración". Funciona incluso en dispositivos donde los elementos apenas están acoplados entre sí, como si lavaras los platos sin tocarlos, solo sacudiendo toda la mesa. Esto es importante para las futuras computadoras cuánticas: cuantas menos conexiones superfluas, menos interferencias, pero antes el enfriamiento en tales sistemas era casi imposible.
Ahora la memoria cuántica se puede limpiar rápida y suavemente, como un barman experto enjuaga una copa antes de preparar un nuevo cóctel. Esto acerca el día en que los cálculos cuánticos sean tan comunes como usar un portátil normal.
En el experimento se enfriaron no uno, sino unos 30 fotones "calientes" en 80 microsegundos, como si de una tetera vertieras una taza entera de agua hirviendo y la congelaras al instante hasta temperatura ambiente.