Un agujero negro es un cocinero insaciable, y la estrella cercana, una olla de sopa hirviendo. El cocinero sirve la sopa, pero parte se derrama: así, GX 339-4 atrae el gas de la estrella vecina, pero no lo retiene todo. La materia sobrante sale disparada por los polos del agujero negro en dos chorros estrechos, como salpicaduras de una olla rebosante.
Durante cinco años, de 2018 a 2023, tres telescopios vigilaron esta "cocina" cada semana. MeerKAT captaba las ondas de radio de los chorros, Swift-XRT el resplandor de rayos X del gas sobrecalentado cerca del agujero, y MeerLICHT fotografiaba la luz visible de la estrella. En ese tiempo, GX 339-4 "encendió los fogones" cuatro veces: dos estallidos débiles y dos a plena potencia. En 2020, tras un estallido brillante, se pudo distinguir cómo un cúmulo de plasma se desprendía del agujero y se alejaba durante un mes entero.
Estas observaciones son como una filmación cuadro a cuadro de una comida: se ve cuándo el cocinero empieza a comer, cuándo se atraganta y cuándo escupe. Los científicos notaron que las ondas de radio y los rayos X están relacionados: cuanto más brillante es el destello de rayos X, más potentes son los chorros. Además, lograron medir la velocidad de los cúmulos expulsados, que resultó ser cercana a la velocidad de la luz.
Todos los mapas de radio del cielo de estos cinco años se han hecho públicos. Ahora cualquiera puede consultar el archivo y buscar por su cuenta si algo más ha pasado cerca de nuestra "cocina".
GX 339-4 se encuentra en la constelación del Altar, pero no se puede ver ni con el telescopio óptico más potente: solo se detecta en rayos X y ondas de radio.
En la película "Interstellar", el agujero negro Gargantúa se muestra con un brillante disco de acreción, precisamente el tipo de disco que se observó en GX 339-4, aunque miles de veces más pequeño.