Un imán común se puede imaginar como una fila de soldados, todos mirando en la misma dirección. Un antiferromagneto está organizado de otra manera: los 'soldados' vecinos miran en direcciones opuestas, pero la fila en su conjunto permanece ordenada. Voltear tal fila es difícil: no reacciona a campos externos débiles.
Los investigadores propusieron usar no el campo magnético del pulso en sí, sino su cambio rápido. Ese cambio crea una fuerza que actúa sobre la 'fila' del antiferromagneto y hace que se voltee. En simulaciones por computadora, este método mostró una conmutación confiable sin calentamiento excesivo ni corrientes parásitas.
Los autores calcularon las regiones de parámetros en las que la conmutación ocurre de manera garantizada. Resultó que para antiferromagnetos estas regiones están completamente determinadas: el resultado no depende de fluctuaciones aleatorias. Esto hace que el método sea prometedor para el control preciso de estados magnéticos en dispositivos de nueva generación.
Cambiar el orden magnético con un pulso de terahercios es un paso hacia una electrónica más rápida y eficiente energéticamente. Quizás pronto la información se escriba no con corriente eléctrica, sino con breves destellos de luz.
La radiación de terahercios se encuentra entre las microondas y la luz infrarroja. Atraviesa la ropa y el papel, pero no el metal, por lo que se utiliza en escáneres de seguridad.
En la novela de Arthur C. Clarke 'La luz de otros días' se usan 'agujeros de gusano' para observar, pero controlar el orden magnético con luz podría ser la base para dispositivos de 'Star Trek', donde la información se almacena en estados cuánticos.