La luz incide sobre una placa de silicio y en ella nace un único electrón. Un instrumento común no lo notaría: la señal es demasiado débil. El nuevo detector no solo lo oye, sino que determina su energía con una precisión de 589 milielectronvoltios. Es como distinguir los pasos de una hormiga a la distancia de un brazo extendido.
Dentro del detector, una partícula arranca un electrón de un átomo de silicio. Para ello se necesitan 0,92 electronvoltios, un valor medido con un margen de error de 0,02 electronvoltios. El resultado coincidió en dos instalaciones distintas, así que se le puede dar crédito. El detector funciona como un termómetro muy sensible: el nacimiento de una carga calienta ligeramente una diminuta superficie y el aparato nota el cambio de temperatura.
Estos detectores serán útiles en la búsqueda de materia oscura, esa sustancia misteriosa que no brilla pero atrae a la materia ordinaria. Si una partícula de materia oscura choca con el silicio, arrancará un electrón y el instrumento registrará el suceso. Cuanto menor sea el ruido, más débil será la señal que se pueda detectar.
La energía de 0,92 electronvoltios es aproximadamente mil millones de veces menor que la necesaria para levantar un grano de arena un milímetro.