Dos diminutos vórtices magnéticos, llamados skyrmiones, navegan sobre una película delgada. Cuando se acercan, entre ellos no surge una simple atracción o repulsión, sino una alternancia de ambas: como si dos corchos en el agua se acercaran y se alejaran obedeciendo a una ola invisible.
Resulta que la fuerza entre skyrmiones cambia de signo periódicamente: primero se atraen, luego se repelen, y esto se repite con un paso determinado. Esto recuerda a la interacción RKKY, conocida en la física de metales, donde dos momentos magnéticos se influyen mutuamente a través de la nube de electrones, y esa influencia oscila con la distancia. Los científicos han demostrado que este comportamiento está relacionado con una "cola" ondulada universal en la textura magnética del skyrmion, es decir, con cómo la magnetización se atenúa en los bordes del vórtice.
Este descubrimiento es importante para la tecnología: sabiendo cómo interactúan los skyrmiones, se pueden ensamblar en "moléculas" y estructuras ordenadas, de manera similar a como los átomos se organizan en cristales. Tales conjuntos de skyrmiones podrían convertirse en la base de nuevos dispositivos de almacenamiento y procesamiento de información, donde los bits de datos se moverían como diminutos vórtices magnéticos y su interacción permitiría realizar cálculos.
El nombre "skyrmion" proviene del apellido del físico británico Tony Skyrme, quien en la década de 1960 propuso un modelo de partícula como un campo anudado que recuerda a un vórtice.
En la ciencia ficción, los skyrmiones a veces se mencionan como posibles portadores de información en futuras computadoras cuánticas; por ejemplo, en la novela "Teranesia" de Greg Egan, los vórtices magnéticos se utilizan para almacenar datos.