Tira dos piedrecitas a un estanque: de cada una saldrán ondas, y en el agua aparecerán crestas donde las ondas se refuerzan y valles donde se cancelan. Algo parecido ocurre con los protones: si hay dos, crean una doble ondulación que se combina en un patrón reconocible.
En el nuevo experimento, un haz de iones de hidrógeno —protones individuales y pares unidos en una molécula— se dirigió hacia una nube de helio. En la colisión, el ion podía arrebatar un electrón al helio y desviarse. Los físicos midieron los ángulos con los que se dispersaban esas partículas "renovadas" y observaron que, para la molécula de dos protones, el panorama recuerda a la luz que atraviesa dos rendijas estrechas. Las franjas de brillo y oscuridad son interferencia, una huella de que la molécula actúa como una doble rendija.
Para entender cómo la molécula captura el electrón, los autores "descompusieron" el patrón de interferencia y extrajeron de él la contribución de un solo protón, como si del dibujo general restaran la ondulación de la segunda piedrecita. Resultó que cuando el electrón capturado cae al nivel de energía más bajo, la "rendija" individual del protón y la doble de la molécula producen franjas del mismo ancho. Pero si el electrón pasa a un nivel excitado, los patrones divergen: la molécula empieza a "brillar" de manera distinta a un protón individual.
Este truco —descomponer un patrón complejo en partes simples— permite asomarse a la mecánica de la captura electrónica sin cálculos complicados. Es como adivinar la forma de una mano por su sombra en la pared: la sombra es doble, pero si sabes cómo se doblan los dedos, puedes restar una silueta y ver la otra.
La molécula de dos protones es el objeto de "doble rendija" más simple de la naturaleza: la distancia entre los protones es de solo unos 0,1 nanómetros, pero basta para que la naturaleza ondulatoria de las partículas se manifieste por completo.