El acero no es solo un trozo de hierro. En su interior conviven diferentes estructuras, las fases, como en un pastel de capas. En el acero de ultra alta resistencia para automóviles hay tres fases: ferrita blanda, martensita resistente y austenita plástica. El acero de manganeso medio debe su fuerza precisamente a este trío. Pero cómo se distribuyen las fases en el volumen y cómo cambian bajo carga ha sido durante mucho tiempo un misterio.
Los científicos tomaron una lámina de este acero y la estiraron, como si estiraran un chicle. Luego cortaron láminas finísimas de las zonas deformada y sin deformar. Bajo el microscopio electrónico combinaron dos métodos: uno mostraba la red cristalina y el otro la distribución del manganeso. Así lograron ver por primera vez dónde está cada fase y cuánto manganeso contiene, con una precisión de 10 nanómetros, mil veces más fino que un cabello humano.
Los resultados sorprendieron: tras el estiramiento, los granos del metal se refinaron y su orientación cambió. La ferrita resultó estar menos tensionada que la martensita. La austenita se transformó parcialmente en martensita, y eso es lo que confiere al acero su ultra alta resistencia. Ahora los ingenieros podrán ajustar con mayor precisión la composición del acero para que los automóviles sean más ligeros y seguros.
En un centímetro cúbico de este acero caben tantos límites de grano que su superficie total equivale a la de un campo de fútbol.