Una lámina ultrafina de semiconductor es como la película de una burbuja de jabón, pero hecha de átomos de tungsteno y selenio. Si la pinchas con una aguja de diamante afilada, en ese punto aparecen diminutos defectos. A baja temperatura, estos defectos comienzan a brillar, pero no en un flujo continuo, sino estrictamente un fotón a la vez.
Los investigadores probaron el 76% de los pinchazos: en casi todos los puntos apareció una fuente puntual de luz brillante. No parpadeaba, no variaba en frecuencia y, al verificar su carácter individual, emitía exactamente un fotón, no un par. Además, esta fuente se puede encender y apagar con un voltaje eléctrico, como una bombilla con un interruptor.
Este método funciona sobre un sustrato común de vidrio con silicio, el mismo que ya se usa para fabricar microchips fotónicos. Esto significa que las fuentes de fotones individuales podrán integrarse directamente en dispositivos cuánticos, donde los fotones viajan por guías de onda como autos por carreteras.
Un fotón individual es tan poca luz que el ojo humano no lo vería ni en un millón de años de observación continua.
En la serie 'The Expanse', la comunicación cuántica funciona gracias a fotones individuales que no pueden ser interceptados sin ser detectados.