En el observatorio de radio indio de Gauribidanur, 32 antenas parecidas a gigantescos televisores escuchan el cielo. Captan ondas de radio de los púlsares: estrellas muertas que giran a una velocidad vertiginosa y parpadean como faros. Antes, las señales de estas antenas se procesaban de forma lenta y engorrosa. Ahora, los ingenieros han montado una nueva cadena: recibe los datos brutos, los limpia de interferencias y los archiva ordenadamente.
La cadena trabaja en frecuencias de 170 a 196 megahercios, un rango donde abundan las interferencias de las radios terrestres y el polvo cósmico. Para extraer la débil señal del púlsar, hay que reunirla migaja a migaja: miles de giros de la estrella se combinan en un perfil nítido. Para ello se usan dos métodos: uno rápido pero tosco, otro lento pero preciso. Todo lo hace un ordenador normal con un procesador Intel i9, y un segundo ordenador con AMD R9 transforma los datos al momento en un formato manejable.
La prueba fue un éxito: primero, la cadena "cazó" señales artificiales que los propios científicos inyectaron en las antenas, y después, cinco púlsares brillantes reales. Entre ellos, el púlsar del Cangrejo, resto de una explosión de supernova que los astrónomos observan desde hace siglos. En 200 días, la cadena detectó que este púlsar se está frenando: cada segundo pierde una fracción diminuta de su velocidad de giro. Es como si una peonza sobre la mesa girara un poco más despacio con cada vuelta.
Ahora el observatorio toma datos del cielo a diario y los convierte al instante en resultados científicos. En el futuro, la cadena se puede mejorar: añadir más antenas o ampliar el rango de frecuencias. Así podrá captar púlsares aún más débiles y, quizás, descubrir otros nuevos.
El púlsar del Cangrejo gira 30 veces por segundo, pero en 200 días de observaciones su período aumentó en 0,00000000000003 segundos: es como si un reloj se retrasara una billonésima de segundo en medio año.
En la novela 'Contacto' de Carl Sagan, la señal de una civilización extraterrestre se confundió al principio con un púlsar, tan regulares eran sus pulsos.