Un estallido de rayos gamma es una explosión breve pero increíblemente potente en una galaxia lejana. En unos segundos libera tanta energía como el Sol emitirá en miles de millones de años. El satélite Neil Gehrels Swift capta estos destellos con un telescopio especial llamado BAT, que ve rayos gamma.
Los astrónomos decidieron comprobar qué pasaría si el mismo estallido ocurriera más lejos de nosotros. Tomaron 26 estallidos brillantes cuya distancia ya se había medido y, con una computadora, los 'alejaron' varias veces más. Así obtuvieron estallidos lejanos artificiales, como si miráramos el mismo fuego artificial desde una distancia mayor.
Resultó que en los estallidos lejanos la duración medida se vuelve menor que la real. La energía también se subestima, a veces hasta la mitad, y la duración incluso decenas de veces. Además, esto ocurre de manera distinta en cada estallido: todo depende de la forma de su curva de luz, es decir, de cómo cambió el brillo con el tiempo.
Luego compararon los estallidos lejanos artificiales con los reales que ya había observado Swift. Eran similares. Esto significa que el hecho de que los estallidos lejanos parezcan más cortos y débiles no es una propiedad de las explosiones en sí, sino simplemente un efecto de la distancia. Vemos solo la punta del iceberg, y la mayor parte del destello queda bajo el agua.
El estallido de rayos gamma más lejano conocido nos llegó de una galaxia cuya luz viajó durante más de 13 mil millones de años, casi tanto como la edad del universo.
En la novela 'Contacto' de Carl Sagan, la protagonista capta una señal extraterrestre que al principio parece ruido, igual que los astrónomos separan la cola débil de un estallido de rayos gamma del fondo.