Un planeta gigante orbita demasiado cerca de su estrella. En cada vuelta, tira de la estrella con su gravedad, y en el interior de la estrella se generan ondas, como los círculos que hace una piedra al caer al agua. Estas ondas frenan la órbita del planeta, que cae en espiral hacia la estrella. La estrella engulle el planeta y comienza a girar más rápido.
La rotación estelar es la clave para resolver el misterio. Los científicos tomaron dos estrellas de rotación rápida, TOI-2458 y GJ 504, y demostraron que su velocidad se explica porque recientemente engulleron un júpiter caliente. Estos planetas son gigantes gaseosos del tamaño de Júpiter, pero situados más cerca de su estrella de lo que Mercurio está del Sol. Las fuerzas de marea dentro de la estrella actúan como un freno: las ondas en su interior disipan la energía orbital y el planeta se acerca lenta pero inexorablemente.
Los investigadores construyeron un modelo informático que reproduce la distribución observada de las órbitas. Según sus estimaciones, hasta el 13% de las estrellas con masas entre 0,7 y 1,5 masas solares que alguna vez tuvieron un júpiter caliente ya lo han engullido. Esto cambia nuestra idea de con qué frecuencia las estrellas devoran sus planetas y explica por qué algunas estrellas giran inesperadamente rápido.
Así, las ondas de marea dentro de las estrellas reescriben el destino de los sistemas planetarios. Un júpiter caliente, nacido lejos de su estrella, migra hacia el interior y finalmente perece en sus profundidades. La estrella que ha engullido un planeta gira más rápido, y los astrónomos ven esa huella.
Un júpiter caliente puede ser engullido por su estrella en unos pocos millones de años, un instante comparado con la edad de la estrella, de miles de millones de años.
En la película 'Interstellar', el planeta Miller está tan cerca de un agujero negro que las fuerzas de marea provocan olas gigantes; aquí, las fuerzas de marea de la estrella, por el contrario, frenan la órbita del planeta.