La radiografía suele asociarse con un aparato voluminoso en el hospital. Pero una imagen así puede tomarla un dispositivo del tamaño de la palma de la mano, ensamblado con componentes de electrónica de aficionado. Los autores del trabajo usaron un miniordenador Raspberry Pi, una cámara de 12,3 megapíxeles y una pantalla que brilla bajo los rayos X.
El principio es simple: los rayos X invisibles inciden en una pantalla recubierta de una sustancia que los convierte en luz ordinaria. Esa luz la capta la cámara y se obtiene la imagen. Para que la imagen fuera nítida, los investigadores ajustaron la sensibilidad y el tiempo de exposición, y luego midieron la nitidez con el método del «borde inclinado». Resultado: 25 pares de líneas por milímetro a un voltaje de 50–70 kilovoltios. Para comparar: un cabello humano tiene un grosor de unos 0,1 milímetros, y aquí se distinguen detalles varias veces más finos.
Esa nitidez es comparable a la de los sistemas clínicos de rayos X, pero el precio y el tamaño son incomparablemente menores. El aparato portátil será útil en condiciones de campo, en pequeñas clínicas y en laboratorios de enseñanza. Y la modularidad —la posibilidad de colocar distintas pantallas— amplía su campo de aplicación: desde la inspección de soldaduras hasta el análisis de minerales.
Con componentes baratos se ha construido un instrumento científico que produce radiografías al nivel de la tecnología profesional. El mundo donde los rayos X caben en una mochila está un paso más cerca.
La pantalla de oxisulfuro de gadolinio activado con terbio brilla en verde bajo los rayos X; este mismo material se usa en algunas pantallas médicas.