Una paloma vuela a casa desde cientos de kilómetros de distancia. Dentro de su cabeza, en el oído interno, se agita un líquido, como agua en una botella que sacudes. Cuando el ave se mueve, el líquido también se mueve, y eso le ayuda a mantener el equilibrio. Hace poco, los científicos sugirieron: ¿y si ese mismo líquido funcionara como un diminuto generador? El movimiento a través del campo magnético terrestre crea una corriente eléctrica débil, y la paloma la usaría para saber hacia dónde volar.
Los autores del nuevo estudio pusieron a prueba esta idea con un modelo sencillo. Calcularon cuánta información se puede extraer de esa corriente. Resultó que casi nada. La señal es tan débil y confusa que la paloma no podría distinguir el norte del sur. Es como intentar oír un susurro en una estación ruidosa.
Entonces, las palomas tienen otro mecanismo, más sensible, no el líquido del oído. Cuál sea, sigue siendo un misterio. Pero una cosa está clara: su brújula no se rompe con un simple ruido de radio; de lo contrario, las palomas ya habrían dejado de encontrar el camino a casa.
Las palomas pueden volver a casa desde una distancia de más de 1800 kilómetros, incluso si las llevan en una caja cerrada.