En las colisiones de núcleos pesados se genera una bola de fuego compuesta por miles de partículas. Entre ellas se encuentran los piones y los kaones, dos tipos de partículas ligeras muy similares entre sí. Para entender qué ocurre en esa bola de fuego, los físicos necesitan saber con exactitud cuántas partículas de cada tipo han salido. Pero a altas energías, los métodos antiguos de distinción empiezan a fallar: las señales de piones y kaones se superponen, como dos tonos parecidos en una paleta.
El nuevo método funciona como girar una hoja de papel con dos ejes. De cada partícula se miden dos características: el tiempo de vuelo y la pérdida de energía por ionización. Antes se analizaban por separado y, a altas velocidades, se confundían. Ahora los científicos toman ambas magnitudes juntas y las giran en el espacio para encontrar la mejor separación. Es como elegir el ángulo adecuado para mirar dos monedas casi idénticas.
Este truco ha permitido distinguir de forma fiable piones y kaones hasta un momento de 3 GeV/c, es decir, tres veces más que con los métodos habituales. Los físicos también comprobaron que el nuevo método no distorsiona una característica importante: el flujo elíptico, que indica la forma y la dinámica de la bola de fuego. Todo coincidió.
Ahora los investigadores tienen una herramienta para mirar en el corazón mismo de las colisiones y medir con mayor precisión las propiedades de la materia que existió en los primeros instantes después del Big Bang.
El pión es la partícula más ligera de todas las que transmiten las fuerzas nucleares. Su masa es aproximadamente 270 veces mayor que la del electrón, pero sigue siendo varias veces más ligero que el protón.