En la epilepsia, el médico ajusta la dosis del fármaco casi a ciegas. Si es demasiado baja, las convulsiones continúan; si es demasiado alta, aparecen efectos secundarios. Normalmente, la sangre del paciente se envía al laboratorio y el resultado llega en uno o dos días. Ahora, el mismo análisis se puede hacer en un diminuto chip de silicio.
El sensor funciona como una nariz muy sensible. Se ilumina una gota de sangre seca con un haz infrarrojo, y las moléculas del fármaco absorben la luz en su longitud de onda característica. Cuanto más fármaco hay, mayor es la absorción. Los científicos probaron el chip con fenitoína, un fármaco común para la epilepsia. El sensor captó una concentración de 2,2 miligramos por litro, aunque el rango terapéutico comienza en 10 miligramos por litro. Esto significa que notará si la dosis es demasiado baja.
La base de silicio hace que el sensor sea barato y compacto. Estos chips se pueden fabricar por millones, como la electrónica convencional. En el futuro, el médico podrá comprobar el nivel del fármaco directamente en la consulta, sin esperar al mensajero del laboratorio.
La luz infrarroja que usa el sensor es el mismo calor que emite el cuerpo humano, solo que con una longitud de onda ajustada con precisión.