En la densa esfera de cientos de miles de estrellas que llamamos cúmulo globular, los radiotelescopios han captado un ritmo débil pero muy nítido. Cada 2,45 milisegundos —es decir, 408 pulsos por segundo— llega un pulso de radio. Así se anuncia un nuevo púlsar milisegundo: una estrella muerta del tamaño de una ciudad que gira más rápido que las aspas de un helicóptero.
Este púlsar, bautizado como PSR J1716-2808A, no está solo. Orbita en pareja con una estrella compañera ligera, de aproximadamente una décima parte de la masa del Sol. Una vuelta completa alrededor de ella tarda solo 10 horas, menos que una jornada laboral. Además, el púlsar no se oculta tras su compañera: su señal no se apaga, no se observan eclipses.
Lo más interesante es que el púlsar parece ir con prisa. Sus pulsos llegan un poco más a menudo de lo que correspondería si estuviera quieto. Esto ocurre cuando el púlsar se mueve hacia nosotros: su propio movimiento comprime los intervalos entre señales. Los astrónomos han calculado que la aceleración del púlsar es de aproximadamente 2,3×10⁻¹⁸ segundos por segundo. Suena a cero, pero para un reloj tan preciso es perceptible.
Esa aceleración no es una simple curiosidad. Revela que el púlsar se encuentra realmente en lo profundo del cúmulo, y no solo en la misma línea de visión. El cúmulo lo atrae como un resorte invisible. Y por la fuerza de ese resorte se puede deducir cuánta masa se esconde en el cúmulo.
Ahora los astrónomos seguirán observando este púlsar durante años. Cuanto más largas sean las observaciones, con más precisión se podrá pesar el cúmulo y comprender su estructura. Y si tienen suerte de encontrar algunos púlsares más, NGC 6316 dejará de ser un misterio y se convertirá en uno de los 'pisos compartidos' estelares mejor estudiados.
Los púlsares milisegundo son los relojes más precisos del universo. Algunos se desvían menos de un segundo en mil millones de años.