La radioterapia se parece a disparar un rifle de gran calibre a un blanco pequeño: incluso un disparo preciso afecta una gran área alrededor. El grosor de la "huella", llamada penumbra, en los equipos estándar es de 2 a 3 milímetros. Para un tumor en el pulmón, esto no es grave, pero cerca de un nervio o un vaso sanguíneo, esos milímetros deciden si la persona quedará sana.
Los físicos de la clínica y la universidad probaron una estrategia poco convencional: redujeron la energía del haz de 6 a 2,5 megavoltios y alejaron al paciente de la fuente a cuatro metros en lugar del metro habitual. Por separado, estos cambios empeoran el haz, pero juntos producen un efecto inesperado: la penumbra se reduce a un milímetro. Además, el haz sigue alcanzando tumores a diez centímetros de profundidad.
Para probar la idea, los científicos montaron un dispositivo donde el paciente está sentado verticalmente y las fuentes de radiación se colocan a su alrededor en forma de cono. En un modelo computacional, este esquema dio una distribución de dosis 1,7 veces más contrastada que la estándar. En uno de los ejemplos, la irradiación de esferas de 5 milímetros de diámetro dentro del tumor, la diferencia entre los puntos "calientes" y "fríos" aumentó de 2,6 a 4,5.
Esto significa que el médico podrá quemar pequeños nódulos dentro del tumor sin tocar el tejido sano entre ellos. Para el paciente, hay menos riesgo de quemaduras en la piel y daño a órganos vecinos, y para el tratamiento del cáncer, es un paso hacia que el cuchillo de radiación se convierta en una verdadera herramienta quirúrgica.
La penumbra es la distancia en la que la dosis cae del 80% al 20% del máximo. En el nuevo haz, es de solo un milímetro, más fino que dos cabellos humanos juntos.
En la ciencia ficción, las armas de rayos suelen representarse como una espada de luz delgada. La nueva tecnología hace que esta imagen sea casi real para la medicina: el haz se puede afilar hasta un borde de un milímetro.