El cielo nocturno ya no es tan silencioso como antes. Sobre nosotros pasan miles de satélites, y cada uno puede emitir ondas de radio accidentalmente, estorbando a los astrónomos que escuchan galaxias lejanas. Para entender este ruido, los científicos apuntaron el radiotelescopio 21CMA en China hacia los pasos de los satélites Starlink.
El telescopio 21CMA está formado por muchas antenas pequeñas distribuidas en el campo. Capta ondas de radio en la frecuencia donde emite el hidrógeno, el elemento más abundante del universo. La sensibilidad de un grupo de antenas no es alta, por lo que los astrónomos desarrollaron todo un proceso: primero, con datos orbitales, predecían cuándo un satélite entraría en el campo de visión; luego grababan la señal y buscaban anomalías.
Como resultado, en lugar del ruido de banda ancha de Starlink, captaron una señal clara de los satélites ORBCOMM, que transmiten datos a la Tierra en haces estrechos. Esto confirmó que el método funciona: el satélite predicho coincidió con el identificador descifrado. Y los destellos brillantes que al principio se tomaron por interferencias de satélites resultaron ser chispas de las líneas eléctricas cercanas a las antenas.
Este "escuchador" ayudará a los astrónomos a separar el ruido cósmico del terrestre y a mantener limpia la observación radioastronómica en la era de las megaconstelaciones.
El radiotelescopio 21CMA es tan sensible que podría captar la señal de un teléfono móvil en la Luna, si funcionara en la frecuencia adecuada.
En la novela "Contacto" de Carl Sagan, los radiotelescopios captan una señal extraterrestre, pero primero los astrónomos tienen que filtrar las interferencias de la tecnología terrestre.