Dentro de cada diminuta partícula que compone el cátodo de una batería de iones de sodio, el sodio se distribuye de manera desigual, como si el azúcar en el té se hubiera apelmazado en grumos. Esto reduce la capacidad y la vida útil de la batería. Para ver este paisaje oculto, los científicos utilizaron el método de microscopía de rayos X y entrenaron a la inteligencia artificial para interpretar los datos obtenidos. La IA, como un cartógrafo, mapeó cada área con una mayor heterogeneidad, una especie de "montañas" y "valles" de concentración de sodio.
El mapa de colores final mostró por primera vez lo que sucede en los límites de estas zonas. Este enfoque permitirá diseñar baterías a partir de sal de mesa común, sin el costoso litio.
El sodio se encuentra en la sal de mesa común y está disponible en cantidades prácticamente ilimitadas, a diferencia del escaso litio.