En el cristal de un superconductor, a veces los electrones se organizan en ondas de carga, como ondas en el agua, pero hechas de partículas. Unas ondas se extienden a lo lejos, otras viven solo en tramos cortos. Los científicos tomaron el material YBa$_2$Cu$_3$O$_{6.67}$ y lo golpearon con pulsos cortos de rayos X para distinguir ambas ondas.
Tras el destello, las ondas de carga grandes desaparecen casi al instante, mientras que las pequeñas permanecen en su lugar. Las grandes se recuperan en 0,6 picosegundos, es decir, billonésimas de segundo, más rápido de lo que parpadea una luciérnaga. Las ondas pequeñas apenas notan la luz: son más rígidas y se mantienen incluso bajo una irradiación intensa.
La diferencia de comportamiento muestra que en el material coexisten dos tipos distintos de ondas de carga. Una se destruye por un proceso electrónico, la otra no. Este método con rayos X ayuda a separar fenómenos cuánticos entrelazados que antes se fundían en una sola imagen.
Un picosegundo es una billonésima de segundo. Si un segundo durara como 30 años, un picosegundo sería más corto que un latido del corazón.