Cuando una estrella masiva explota, expulsa al espacio gigantescas nubes de gas. Estas nubes, llamadas restos de supernova, pueden extenderse a lo largo de cientos de billones de kilómetros. Dos de estas nubes, G107.7-5.1 y G150.3+4.5, fueron estudiadas recientemente por astrónomos con un telescopio en Turquía. Descompusieron la luz de estas nubes en colores, como un prisma descompone la luz blanca en un arcoíris.
Resulta que en ambas nubes el gas brilla debido a las ondas de choque. Estas ondas, como martillos invisibles, comprimen y calientan el gas, haciendo que emita luz. La velocidad de estas ondas supera los 100 kilómetros por segundo. Esto es 300 veces más rápido que el sonido en el aire. Los astrónomos también notaron que en las nubes hay polvo que en algunos lugares bloquea la luz, como la niebla oculta las farolas.
Ambas nubes resultaron ser sorprendentemente similares. Esto significa que se formaron a partir de explosiones parecidas. Estas investigaciones ayudan a comprender cómo mueren las estrellas y cómo sus restos influyen en el espacio circundante.
La velocidad de las ondas de choque en los restos de supernova supera los 100 kilómetros por segundo, más rápido que la Estación Espacial Internacional orbitando la Tierra.