En los primeros instantes tras el Big Bang, el universo se infló más rápido de lo que la luz podía cruzarlo. Esa expansión dejó una leve ondulación en la distribución de la materia, como las ondas en el agua tras lanzar una piedra. Las huellas de esa ondulación se ven hoy en cómo las galaxias se agrupan en cúmulos y filamentos.
Los astrónomos han aprendido a leer esas huellas de una manera nueva. En lugar de mirar solo las grandes agrupaciones, reconstruyen el panorama completo, desde las estructuras más grandes hasta los detalles más finos. Es como reconstruir el lanzamiento original de la piedra a partir de todas las ondas en el agua, incluidas las más débiles. El método utiliza simulaciones informáticas donde las galaxias virtuales nacen de las mismas condiciones iniciales que las reales.
La precisión ha aumentado una vez y media en comparación con los enfoques anteriores. Esto significa que los futuros sondeos del cielo, como Euclid, podrán separar la señal del ruido aleatorio de manera más fiable. Y, por tanto, acercarse más a la respuesta de qué hizo que el universo se inflara tan vertiginosamente en las primeras fracciones de segundo.
El método compara millones de universos virtuales con el real para encontrar las condiciones iniciales que mejor explican el panorama observado.