En el tratamiento del cáncer de próstata, los médicos suelen ver no un solo tumor, sino múltiples focos en los huesos y los ganglios linfáticos. Cada foco puede responder a la terapia de manera distinta: uno se reduce, otro permanece estable, un tercero crece. Antes se evaluaba la enfermedad en su conjunto, como si se juzgara el clima por la temperatura media del año. Ahora es posible seguir cada foco por separado.
Para ello se utilizan imágenes especiales: PET/TC con una sustancia que se adhiere a las células del cáncer de próstata, y SPECT/TC tras la administración de un fármaco radiactivo terapéutico. El programa informático localiza todas las zonas sospechosas en las imágenes y luego las compara entre diferentes exploraciones, como un controlador de tráfico aéreo que sigue cada avión desde el despegue hasta el aterrizaje.
Este enfoque ayuda a los médicos a detectar a tiempo que algún tumor ha dejado de responder al tratamiento y a cambiar la estrategia. También permite calcular con mayor precisión la dosis de radiación para cada foco, evitando dañar tejidos sanos. En definitiva, el tratamiento se vuelve más personalizado: no contra el cáncer en general, sino contra los focos concretos de una persona concreta.
La PET/TC y la SPECT/TC son como las dos caras de una misma moneda: la primera muestra dónde se esconde el cáncer, y la segunda, cuánto fármaco ha llegado hasta allí.
En la serie «Star Trek», el tricorder médico escanea el cuerpo y encuentra todos los problemas al instante. Algoritmos similares están entrando poco a poco en la oncología real.