Dentro del Sol, cada segundo ocurren transformaciones nucleares invisibles. Una de ellas es el nacimiento del boro-8: el núcleo de berilio-7 captura un protón que pasa cerca y, por un instante, se convierte en un nuevo elemento. Este paso pone en marcha una cadena que termina con la emisión de un neutrino, una partícula capaz de atravesar la Tierra de lado a lado.
Antes, la velocidad de esta reacción se estimaba a partir de datos de aceleradores, donde las condiciones distan mucho de las solares. Los autores del nuevo trabajo siguieron otro camino: construyeron un modelo del núcleo desde primeros principios, sin parámetros ajustables. Las ecuaciones cuánticas describen cómo el protón y el berilio-7 se acercan, se fusionan y se convierten en boro-8. El cálculo se realizó en un superordenador, donde cada nucleón es como una bola en un baile colectivo, y hay que tener en cuenta todos sus movimientos a la vez.
El número obtenido, el factor S astrofísico, resultó estar en concordancia con los mejores experimentos, pero con una incertidumbre menor. Esto es importante: de la velocidad de producción del boro-8 depende cuántos neutrinos llegan a los detectores en la Tierra. Comparando el cálculo con las observaciones, se puede comprobar cuán bien entendemos la estructura del Sol.
El siguiente paso es aplicar el mismo método a otras reacciones en las estrellas. Si los cálculos desde primeros principios se convierten en el estándar, los astrofísicos dispondrán de precisos "libros de recetas" para los interiores estelares. Y entonces el enigma de los neutrinos solares, que ha atormentado a los físicos durante medio siglo, se resolverá definitivamente.
El boro-8 vive menos de un segundo: se desintegra emitiendo un neutrino antes incluso de abandonar el interior del Sol. Pero fueron precisamente esos neutrinos los que llegaron primero a los detectores y confirmaron que las reacciones termonucleares en la estrella están ocurriendo.