La aguja de una brújula tiembla cuando pasa un camión cercano. De igual manera, en un giroscopio diminuto —un dispositivo que detecta la rotación— cualquier ruido ahoga la señal útil. Durante mucho tiempo, los ingenieros no lograron reducir el giroscopio al tamaño de una uña sin perder precisión.
La solución apareció con una arquitectura de dos cadenas. La luz recorre dos pistas en el chip, y la rotación hace que se adelante ligeramente a sí misma. Antes, ese adelanto se perdía en la vibración del material. Ahora, las dos cadenas comparan sus lecturas y la vibración se cancela mutuamente, como dos personas que sostienen una misma cuerda y se gritan sin oír el viento.
Este chip ya no es solo un juguete de laboratorio. Abre el camino hacia una navegación precisa en drones, gafas de realidad aumentada e incluso en instrumentos quirúrgicos, donde cada milímetro cuenta.
En este giroscopio, la luz da miles de vueltas por un anillo, y solo gracias a eso una rotación diminuta se vuelve perceptible.
En la película Interestelar, la nave Endurance gira para crear gravedad, y sus giroscopios deben ser perfectamente precisos; de lo contrario, la tripulación perdería la orientación en el agujero de gusano.