El agujero negro Swift J1727.8-1613 emite destellos de rayos X con un ritmo estricto, como un corazón cósmico. El gas que cae hacia el agujero forma un disco giratorio, y su brillo palpita. Un telescopio chino captó este ritmo, como un estetoscopio capta un latido.
Con cada 'tic', la cavidad magnética se comprime y la frecuencia del pulso aumenta, como si el corazón latiera cada vez más rápido.
Pero lo más sorprendente ocurre antes del lanzamiento del chorro: el ritmo se interrumpe de repente. El agujero negro 'contiene la respiración' durante una fracción de segundo, reorganiza su energía y expulsa el chorro con una fuerza colosal. Este fallo ayuda a entender cómo se gobierna el espacio-tiempo curvado alrededor del agujero y por qué los chorros son tan poderosos.
Las oscilaciones casi-periódicas más rápidas de los agujeros negros pueden cambiar en milisegundos, más rápido de lo que parpadea el ojo humano.