En una habitación oscura, una linterna solo ilumina lo que cae dentro de su haz. Así, más o menos, estudian los físicos los átomos: un breve destello de luz arranca electrones y, siguiendo sus huellas, se puede entender cómo está hecho el átomo. Pero el helio tiene estados que no entran en el «haz» habitual: se esconden en la sombra.
En el nuevo experimento, el átomo de helio se irradia primero con un destello ultravioleta y, casi al mismo tiempo, con un potente láser infrarrojo. Ese segundo láser actúa como una iluminación lateral: altera ligeramente la energía del átomo y saca a la luz estados ocultos que, sin él, pasarían desapercibidos.
Los científicos notaron que la intensidad con la que se manifiestan esos estados ocultos depende del retraso entre los destellos. Variando ese retraso se puede controlar cómo absorbe el átomo la luz. Es como afinar un instrumento musical: si desplazas un poco la cuerda, el sonido cambia. Ese control sobre los dos electrones a la vez abre el camino a una descripción más precisa de cómo interactúa la luz con la materia.
El helio es el segundo elemento más abundante del universo, pero precisamente sus estados electrónicos ocultos han sido difíciles de atrapar en un experimento hasta ahora.