Un pulso de luz puede compararse con un acorde musical: varias notas suenan a la vez, y cada una tiene su volumen y su fase. En óptica cuántica, estos "acordes" se denominan estados comprimidos multimodo. Son importantes para las comunicaciones seguras y las mediciones de ultra precisión, pero para utilizarlos hay que conocer la forma de cada "nota".
Los métodos de medición habituales o son demasiado complejos, o suponen que la forma del pulso se conoce de antemano. El nuevo enfoque utiliza un amplificador paramétrico óptico —un dispositivo que amplifica una señal débil sin destruir sus propiedades cuánticas— y el método FROG (gateo óptico resuelto en frecuencia). FROG funciona como un estroboscopio: un pulso de referencia corto "ilumina" un corte de la señal, y un espectrómetro registra la imagen instantánea. Así se consigue reconstruir a la vez la forma del pulso y el grado de compresión —la magnitud que indica cuánto se suprimen los ruidos cuánticos en una cuadratura y se amplifican en la otra.
La simulación mostró que el método funciona para pulsos ultracortos y formas complejas. Esto abre el camino al análisis práctico de grandes sistemas cuánticos, donde muchos modos están entrelazados. En lugar de esquemas voluminosos, un solo dispositivo compacto que lee el "acorde" cuántico completo, sin silenciar las notas suaves.
La luz comprimida ya se utiliza en los interferómetros LIGO y Virgo para detectar ondas gravitacionales: se reduce el ruido cuántico para poder escuchar las vibraciones del espacio-tiempo.
En la serie "The Expanse", la comunicación cuántica permite transmitir mensajes al instante a través del Sistema Solar; la caracterización precisa de los estados de la luz es un paso hacia tecnologías similares.