Ocho gigantes rojas —estrellas viejas e hinchadas, como será nuestro Sol en el futuro— se comportan de manera desconcertante. Su superficie oscila con regularidad, como una campana, pero en ese tañido se perciben fallos: algunos tonos desaparecen y el ritmo se rompe. Los científicos sospecharon que en su interior se oculta una mano invisible —el campo magnético— e intentaron calcular su fuerza.
Para explicar las observaciones, hubo que admitir que el campo es muy intenso: de 100 a 700 kilogauss. Para comparar: el campo de un imán de nevera es de unos 0,001 kilogauss. Un campo tan potente no pudo surgir de la nada. Lo más probable es que naciera en la juventud de la estrella, cuando en su interior, como en una olla de agua hirviendo, bullía el núcleo caliente, mezclando la materia y creando una dinamo magnética.
Estas ocho estrellas no son demasiado masivas: aproximadamente como el Sol. El tamaño de su campo magnético coincide con el tamaño del núcleo que la estrella tenía en su juventud. Es decir, el campo es un recuerdo de una juventud turbulenta, congelado en las profundidades. Ahora los astrónomos pueden usar estas estrellas como laboratorios naturales para entender cómo los campos magnéticos viven y mueren dentro de los astros.
El campo magnético en el núcleo de una gigante roja es millones de veces más fuerte que el de un imán de nevera, pero está escondido muy por debajo de la superficie de la estrella.
En la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, el océano del planeta se comporta como un ser vivo; aquí, la propia estrella guarda en su interior una 'memoria' de su juventud en forma de campo magnético.