Una olla en la que hierve una sopa de tres ingredientes. El cocinero cambia las proporciones sobre la marcha y se sigue la pista mediante la posición de un punto en una escala triangular. Así, más o menos, es como los físicos analizan los neutrinos procedentes de una explosión de supernova.
Cuando el núcleo de una estrella se comprime hasta una densidad monstruosa, nace un torrente de neutrinos: partículas ligeras que apenas interactúan con la materia. Hay tres tipos, y su composición cambia en el camino de la estrella al detector. Los autores del trabajo recurrieron a diagramas ternarios (un triángulo donde cada vértice corresponde a la proporción de un tipo) para mostrar cómo evoluciona esa composición con el tiempo. La trayectoria del punto dentro del triángulo depende de la jerarquía de masas de los neutrinos: normal (dos más ligeros y uno pesado) o invertida (dos pesados y uno ligero).
Para comprobarlo, los científicos tomaron varios modelos de explosión del paquete SNEWPY y reconstruyeron de forma simplificada la composición original de los neutrinos a partir de las señales en los detectores terrestres. Descubrieron que las trayectorias para la jerarquía normal y la invertida, por lo general, se separan hacia regiones distintas del triángulo. Esto da esperanzas de que, con una única futura explosión en nuestra galaxia, se pueda determinar de forma fiable cómo están ordenadas las masas de los neutrinos. La cuestión lleva muchos años abierta.
Este método recuerda a la lectura de las hojas de té, solo que en lugar de hojas hay neutrinos y en lugar de taza, un triángulo. Y cuando el cielo vuelva a iluminarse con una supernova, los físicos observarán el movimiento del punto para descubrir por fin qué «receta» ha elegido la naturaleza.
Si pudiéramos ver los neutrinos a simple vista, la explosión de una supernova en nuestra galaxia eclipsaría al Sol en brillo, pero solo en «luz» de neutrinos.