Cuando dos agujeros negros se fusionan, nace un nuevo agujero. Al principio tiembla como una campana golpeada, y ese temblor se propaga por el espacio en forma de ondas. Los detectores en la Tierra captan esas ondas; con ellas se puede conocer la masa y la rotación del agujero.
Pero la señal es débil y está llena de ruido. Si se toman diferentes fragmentos de la grabación, pueden dar respuestas ligeramente distintas. ¿Cuál es la correcta? Los autores del trabajo idearon una forma de seleccionar solo aquellos fragmentos que no dependen de pequeños ajustes de procesamiento ni se ahogan en el ruido. Es como elegir de una grabación de concierto solo los momentos en que se oye el sonido limpio de la campana, y no la tos del público.
Probaron el método con el evento GW250114 —la fusión de dos agujeros negros captada por los detectores LIGO. Resultó que los fragmentos fiables no se encuentran justo después de la fusión, sino un poco más tarde. Los demasiado tempranos son muy sensibles a cómo se recortó la señal. Los demasiado tardíos ya se han hundido en el ruido. En el medio hay una franja dorada donde todos los fragmentos dan la misma imagen: un solo agujero con una masa y una rotación determinadas.
Este enfoque es importante para futuras observaciones. Cuando los detectores sean más sensibles, captarán más eventos ruidosos. El método permitirá decir rápida y con seguridad qué agujero ha nacido en cada uno de ellos.
Un agujero negro tras la fusión puede girar a una velocidad cercana al límite — casi como una peonza que se ha hecho girar con todas las fuerzas.
En la película «Interstellar», el agujero negro Gargantúa se representa teniendo en cuenta cálculos reales, pero su «zumbido» tras su formación no se muestra allí — y es precisamente eso lo que captan los detectores.