El universo primigenio se asemejaba a un globo que se infla rápidamente: se expandía tan deprisa que la luz no podía alcanzar sus propios bordes. Luego, esa frenética aceleración dio paso a una expansión tranquila. Dejaron de inflar el globo y este comenzó a desinflarse lentamente. En el momento del cambio de régimen, el vacío no permaneció vacío: de él, como de una olla a presión, brotaron pares de partículas.
Los autores del nuevo trabajo reprodujeron este proceso en una computadora cuántica. Dividieron todo el tiempo de transición en pasitos diminutos, algo así como una filmación cuadro a cuadro de una burbuja de jabón que estalla. En cada paso, la computadora calculaba cuántos pares de partículas habían nacido. Este enfoque permitió ver no solo el número final de partículas, sino también el propio proceso de acumulación.
El experimento en un procesador cuántico real de IBM mostró que incluso la versión más simple del cálculo sufre errores del orden de una centésima. Es como intentar escuchar un susurro en un taller ruidoso: la señal está, pero aún es difícil distinguirla. No obstante, el hecho mismo de que el prototipo funcione abre el camino a simulaciones más precisas cuando las máquinas cuánticas sean más limpias.
En el simulador cuántico se usaron solo cuatro cúbits para un par de partículas con momentos opuestos, como si dos gemelos volaran en direcciones contrarias pero permanecieran unidos por un hilo invisible.
En la novela 'Contacto' de Carl Sagan, los extraterrestres utilizan la creación cosmológica de partículas para transmitir mensajes; aquí vemos por primera vez cómo este proceso puede reproducirse en un dispositivo terrestre.