Para mirar dentro del músculo, se irradia con ondas de radio en un campo magnético intenso — así funciona la resonancia magnética. El agua en las células y el agua en la sangre responden de manera diferente, pero un escáner convencional no distingue entre ambas: produce una imagen promediada donde la señal de los capilares se superpone a la de las fibras musculares. Basta con cambiar ligeramente los ajustes y los números en el mapa se vuelven inestables, como el reflejo en el agua cuando se lanza una piedra.
Los autores del trabajo hicieron que el escáner midiera simultáneamente la rapidez con que se mueven las moléculas de agua (lo que se llama difusión) y la rapidez con que decae su señal (tiempo de relajación). Este enfoque combinado se asemeja a una fotografía de larga exposición que captura por separado las nubes y el avión que pasa frente a ellas. Los datos obtenidos se procesaron con seis modelos matemáticos, y los que tenían en cuenta ambos parámetros dejaron de depender del tiempo de eco — el momento en que el escáner escucha la respuesta del tejido.
Las simulaciones confirmaron que el nuevo enfoque mide la proporción de agua vascular con una correlación de 0.95 respecto al valor real y un error de solo 0.03. Esto significa que, a partir de la imagen, se podrá evaluar de forma fiable la nutrición del músculo, su recuperación tras el esfuerzo o el desarrollo de una enfermedad — sin escaneos repetidos ni ajustes al aparato.
El tiempo de relajación del tejido muscular resultó ser de unos 31–36 milisegundos, mientras que el de la sangre en los vasos pequeños fue de 66–86 milisegundos. La diferencia, del doble, permite separarlos como dos instrumentos musicales en una orquesta.