El helio-3 superfluido se asemeja a una pista de patinaje abarrotada, donde los patinadores artísticos giran sincronizados en la misma dirección. El enfriamiento brusco es como una orden repentina de «¡quietos!». No todos se detienen de inmediato: algunos se quedan inmóviles, mientras otros por inercia dan una vuelta extra. Por la pista recorren ondas y surgen vórtices locales: los defectos. Esta «congelación» se investiga mediante simulaciones por ordenador. La onda más llamativa es el modo de Higgs, nombrado en honor a Peter Higgs: la densidad de toda la película oscila como una alfombra tensa. Las ideas se remontan a los trabajos de Lev Landau. Sorprendentemente, las mismas ecuaciones describen el nacimiento de defectos en el Universo en enfriamiento tras el Big Bang y la inflación, así como en las estrellas de neutrones con su condensado de Bose-Einstein y en los superconductores. Así, una fina película de helio, a través de la teoría cuántica de campos, conecta el experimento de laboratorio con las cuerdas cósmicas.
Los defectos que surgen al enfriar rápidamente el helio son análogos en miniatura de las cuerdas cósmicas, hipotéticos pliegues del espacio-tiempo que podrían haberse formado justo después del Big Bang.
Ideas similares se exploran en la ciencia ficción, como en la novela 'Eón' de Greg Bear, donde cambios locales en el vacío cuántico generan extrañas anomalías.