Una cavidad de microondas ordinaria se parece a una caja de música: solo responde a frecuencias estrictamente definidas, sus propias notas. Pero, ¿y si pudiéramos hacer que sonara de otra manera? Los científicos cambiaron las reglas del juego haciendo que las paredes fueran "unidireccionales". Dentro de una cavidad así, la onda solo puede avanzar, sin reflejarse hacia atrás.
En el experimento se utilizó una guía de ondas cargada con ferrita (un material magnético). Cuando se ajustó la geometría para que el movimiento de la onda fuera unidireccional, se produjo una transición abrupta: en lugar de un conjunto de resonancias individuales, apareció un espectro de frecuencias continuo. El campo, además, se comprimió en una región muy pequeña, generando una fuerte localización espacial.
Este descubrimiento recuerda a un intérprete que se distrae con cada susurro en la sala, y la reunión de una hora se convierte en dos. En una cavidad no recíproca, cualquier perturbación no se dispersa, sino que queda atrapada. Dominar este efecto permitirá crear dispositivos con una selectividad y sensibilidad sin precedentes.
La ferrita utilizada en el experimento es un material que deja pasar las ondas de manera diferente según la dirección del campo magnético. Es precisamente lo que convierte la guía de ondas en una "calle de un solo sentido".