Un micrófono cardioide común, como una oreja, oye mejor de frente, pero sus lecturas se emborronan si el sonido viene de lado. La solución es reunir varias de estas «orejas» en una esfera. Así se obtiene una bola sonora que capta la señal desde todas las direcciones. Comparando las mediciones, el sistema descompone los errores en componentes simples, de forma parecida a la espectroscopia, que separa la luz. Luego filtra el ruido con el mismo recurso matemático que los detectores de ondas gravitacionales. Sorprendentemente, este esquema funciona muy bien incluso si los micrófonos se separan uno o dos metros, algo que antes desviaba la orientación sin remedio. Al final, la señal se limpia como una imagen de telescopio libre de polvo cósmico, y los errores antes invisibles, como la materia oscura, ya no distorsionan la imagen.
En los escenarios, los micrófonos cardioides son populares: su diseño no capta el sonido de los altavoces que están detrás del intérprete.