Un computador cuántico con 36 iones reprodujo un modelo minúsculo del espacio. Los iones se mantienen atrapados y los láseres los enlazan de modo que se forma una estructura parecida a las vigas de un edificio. Cada viga es entrelazamiento entre dos partículas: si se toca una, la otra responde al instante.\n\n
\n\nAl principio la estructura era rígida: por mucho que se cambiaran los vínculos internos, el «área» medida seguía siendo la misma. Esto confirmó una fórmula teórica que nadie había comprobado antes en un dispositivo real. Después se añadió magia al esquema. En el mundo cuántico, la magia no es un truco, sino un recurso especial que no puede obtenerse con operaciones corrientes. Con magia, la estructura se volvió móvil: el «área» empezó a crecer cuando el entrelazamiento se intensificaba dentro. Cuanta más magia, más notable era el crecimiento.\n\nEn el segundo experimento se conectaron dos de esas estructuras, como dos edificios con un pasillo común. Cuando el vínculo entre ellas se reforzaba, el «área» disminuía, como si el pasillo se acortara. Esto se parece a cómo, en la teoría, el puente entre puntos alejados del espacio se acorta cuando el entrelazamiento es fuerte. El computador cuántico mostró por primera vez ese comportamiento en el laboratorio.
En el experimento se utilizaron hasta 56 puertas ZZ de dos cúbits en un mismo circuito, y para la tomografía de un estado de tres cúbits fue necesario medir 27 bases de Pauli distintas, cada una con 2100 ejecuciones. En total se realizaron más de 10^6 mediciones.
La idea de que el espacio-tiempo pueda estar «tejido» de entrelazamiento cuántico resuena con la novela de Greg Egan «La escalera de Schild», donde los físicos descubren que el vacío posee una estructura oculta, y también con el concepto «It from Qubit» de John Wheeler, popularizado en la ciencia ficción.