Con la edad, en los tejidos se acumulan células que han dejado de dividirse pero no han muerto. Estas liberan sustancias inflamatorias y entorpecen el funcionamiento de los órganos. Desde hace tiempo los científicos buscan la manera de deshacerse de ellas. Junto a este trabajo, en el archivo hay estudios sobre la juventud tras un trasplante, sobre cómo las células escuchan el ritmo y sobre cómo un tumor vuelve a crecer después de una descarga eléctrica. Todos ellos tienen que ver con el destino de las células, pero este artículo ocupa un lugar aparte: comprueba si es posible matar una célula senescente sin tocar la sana, y lo hace con células musculares humanas.
Se cultivaron células musculares humanas de la línea LHCN-M2 en medio nutritivo. La senescencia se indujo con un tratamiento de dos días con doxorrubicina a una concentración de 200 nanomoles, tras lo cual las células descansaron ocho días. Después, durante tres días, se añadieron distintas concentraciones del antioxidante N-acetilcisteína (NAC) o del disolvente DMSO. Parte de los experimentos se realizó en un medio empobrecido, con menos aminoácidos, glucosa y suero. Las células vivas y las muertas se distinguieron por tinción: las vivas brillaban en verde y las muertas, en azul. El recuento se hizo a mano sobre las imágenes con el programa ImageJ.
Resultó que las células senescentes son más sensibles a las dosis altas del antioxidante. Con una concentración de NAC de 20 milimoles en medio empobrecido, la proporción de células senescentes muertas creció casi al doble en comparación con el control, mientras que las células normales apenas se vieron afectadas. En cambio, las concentraciones bajas de NAC (hasta 5 milimoles) protegían ligeramente a unas y a otras. Esta dependencia bifásica recuerda al comportamiento del flavonoide fisetina, un senolítico conocido. Los autores plantean que es precisamente el estrés reductor, y no la inhibición de la vía de señalización PI3K/Akt/mTORC1, el mecanismo clave de la muerte de las células senescentes bajo el efecto de los antioxidantes.
El trabajo ofrece una nueva explicación de por qué ciertos compuestos naturales matan a las células senescentes. En lugar de la habitual inhibición de una vía de señalización, se propone la idea del estrés reductor. Esto cambia la forma de buscar senolíticos: ahora no solo importa eliminar los oxidantes, sino también no sobrecargar la célula con reductores. El artículo destaca entre los vecinos: desplaza el foco desde las vías de señalización hacia el equilibrio redox y utiliza células humanas, no de ratón.
Si el estrés reductor realmente destruye las células senescentes, se pueden buscar maneras más seguras de provocarlo. Por ejemplo, administrar los antioxidantes directamente a las células senescentes aprovechando sus marcadores de superficie. También conviene comprobar hasta qué punto este mecanismo es universal en distintos tipos de células y tejidos. Es posible que aparezcan nuevos senolíticos que actúen a través del desequilibrio redox.
Los resultados pueden influir en el desarrollo de fármacos contra el envejecimiento y las enfermedades asociadas a la edad. También son importantes para entender la toxicidad de las dosis altas de antioxidantes.
Comprobar el efecto del NAC en otros tipos de células senescentes, incluidas las de la piel y el tejido adiposo. Estudiar cómo el estrés reductor desencadena la muerte precisamente en las células senescentes.
En la biología del envejecimiento sigue abierta la pregunta de por qué las células senescentes son resistentes a la muerte habitual, pero vulnerables a ciertos estímulos. Este trabajo vincula esa vulnerabilidad con una alteración del equilibrio redox, lo que podría explicar la heterogeneidad de la respuesta a los senolíticos.
La N-acetilcisteína se vende a menudo como suplemento alimenticio para apoyar el hígado y los pulmones. En este trabajo se utilizó en concentraciones decenas de veces superiores a las que se alcanzan en la sangre después de tomar el suplemento.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.