Cuando dos teléfonos intentan crear una clave secreta común a partir de las propiedades aleatorias de las ondas de radio, la interferencia hace que sus mediciones sean inexactas. Es como si dos personas miraran un reflejo en una ventana empañada: cada una ve una silueta borrosa y es imposible distinguir una imagen común.
Aquí entra en juego el autoencoder, un programa entrenable que elimina el ruido, como un paño que limpia el vidrio. Mediante métodos que recuerdan a la espectroscopia, separa la señal de la interferencia, dejando solo datos limpios, idénticos para ambos dispositivos.
En comparación con los esquemas convencionales, este enfoque reduce drásticamente los errores y permite obtener claves que pasan con éxito las pruebas de aleatoriedad. Un efecto inesperado: se puede extraer más clave que antes, como si la ventana limpia revelara un paisaje completo.
La verdadera aleatoriedad del canal de radio surge del movimiento caótico de los electrones: una fuente natural imposible de falsificar.