Un estadio de fútbol donde cien mil millones de espectadores estornudan a la vez, y solo siete o diez lo hacen en completo silencio. Esa rareza es la que persigue el experimento NA62 en el CERN, al estudiar el decaimiento del kaón cargado (K+) en un pión (π+) y un par de neutrinos (νν̄). Este evento es un susurro silencioso en medio de una multitud atronadora: los neutrinos no dejan rastro en el detector, y los físicos tienen que deducir su presencia a partir de la energía que falta.
El protagonista aquí es el propio modelo estándar, el conjunto de reglas que gobiernan las partículas elementales. Predice cuántos de estos decaimientos "silenciosos" deberían ocurrir. Pero si la realidad se desvía aunque sea un poco de los cálculos, eso apuntaría a nuevas partículas o interacciones. El nuevo resultado, obtenido con los datos de 2023–2024, es (7.2 ± 2.2) × 10⁻¹¹. Y si se suman todos los datos desde 2016 hasta 2024, se obtiene (9.6 ± 1.9) × 10⁻¹¹, con una precisión del 20%. Por ahora, las cifras se alinean con la teoría.
¿Por qué es importante? El decaimiento del kaón en un pión y un neutrino es una sonda ultraprecisa. La más mínima traza de "nueva física" —partículas hipotéticas como los fotones oscuros o los compañeros supersimétricos— cambiaría su frecuencia. Por ahora, el detector ve lo esperado, pero el margen de error aún es grande. Con cada nueva sesión, la precisión aumentará, y entonces quedará claro si el modelo estándar permanece inquebrantable o se resquebraja como el hielo bajo un viento cálido.
Los neutrinos son tan escurridizos que atraviesan la Tierra sin problema: para detener la mitad de ellos se necesitaría un escudo de plomo de un año luz de espesor.
En la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, los neutrinos se mencionan como partículas omnipresentes capaces de atravesar cualquier materia, casi como fantasmas del universo.