Una cuerda bien tensada sigue vibrando después de un pellizco. En la física de partículas elementales existe un objeto similar: el oscilón. Es un cúmulo de energía que pulsa, como un corazón, sin dispersarse en el espacio. Estas estructuras surgen en el campo de Higgs —ese mismo campo que es responsable de la masa de las partículas. Pero normalmente los oscilones no viven mucho: pierden energía rápidamente y desaparecen.
Un grupo de físicos decidió comprobar qué sucedería si a las ecuaciones que describen el campo de Higgs se les añade una diminuta corrección: el llamado operador de dimensión seis. Es una forma matemática de representar que el campo interactúa consigo mismo de manera un poco más compleja de lo habitual. Y aquí es donde comienza lo interesante. Incluso un detalle aparentemente tan insignificante puede cambiar drásticamente el destino del oscilón. Su tiempo de vida aumenta miles e incluso millones de veces.
Los autores del trabajo tomaron como base el modelo estándar de la física de partículas, pero se centraron solo en la parte que describe los bosones, los portadores de las interacciones. Añadieron un operador con una constante de acoplamiento que no contradice las restricciones experimentales actuales. Y con una relación de masas bastante real entre el bosón de Higgs y el bosón W (aproximadamente 1,556), el oscilón se vuelve casi eterno. Este descubrimiento es importante para la cosmología: tales cúmulos de energía de larga vida podrían haber desempeñado un papel notable en el universo temprano, influyendo en la formación de estructuras e incluso en cómo se distribuyó la materia. Así, una cuerda vibrante que recibe un cambio apenas perceptible en su tensión no suena durante un instante, sino durante toda una eternidad.
Los oscilones pueden formarse no solo en el campo de Higgs, sino también en otros campos, por ejemplo, durante las transiciones de fase en el universo temprano, cuando unas fuerzas se separaban de otras.