La mente humana es como un juego de construcción que se va completando a sí mismo. Las ideas nuevas no mueren con la persona: se transmiten, se mezclan y se seleccionan. Este proceso se llama evolución cultural: los inventos útiles se consolidan y los inútiles se olvidan. Así funciona un trinquete, un mecanismo que solo gira hacia adelante.
Pero, ¿qué ocurre exactamente en la cabeza cuando un pensamiento desplaza a otro? Los autores del estudio propusieron que todo se debe al ajuste de las conexiones entre neuronas, de manera similar a como aprenden las redes neuronales artificiales. Crearon una población de agentes virtuales con redes neuronales simples en su interior. Cada agente recibía una mezcla de "causas primeras" ocultas, como si escuchara varias voces a la vez, e intentaba separarlas ajustando los pesos de las conexiones.
Luego se permitió que los agentes se comunicaran, pero no al azar, sino de forma selectiva: solo se transmitían las conjeturas más acertadas sobre las causas ocultas. A este modo lo llamaron "Luz". En solitario, muchos agentes no lograban resolver la tarea, pero en grupo, con ese intercambio, empezaban a encontrar soluciones cada vez más precisas. Una mejora se encadenaba con otra: el trinquete se ponía en marcha.
El modelo es deliberadamente simple. No hay lenguaje ni pensamiento abstracto, solo neuronas y señales. Pero es precisamente esa transparencia la que permite ver el mecanismo que antes permanecía en la sombra: cómo las conjeturas crudas se convierten en conocimiento compartido.
La regla de Hebb, utilizada en el modelo, suele formularse así: "Las neuronas que se excitan juntas, se conectan". Fue propuesta por el psicólogo Donald Hebb en 1949, mucho antes de que existieran las computadoras potentes.