En el núcleo atómico, los protones y los neutrones están tan densamente empaquetados que entre ellos actúan fuerzas que recuerdan a resortes tensados. Unos resortes se comprimen y se estiran por igual en todas las direcciones: son las fuerzas centrales habituales. Otras, las tensoriales, se comportan de manera más astuta: su tensión depende de cómo estén orientadas las partículas entre sí. Precisamente estos resortes 'angulosos' han dado quebraderos de cabeza a los físicos durante décadas, pues su contribución es difícil de aislar entre las demás interacciones.
Los autores del trabajo hallaron una forma elegante de medir la tensión de estos resortes. Tomaron pares de núcleos espejo —por ejemplo, níquel-54 y hierro-54, donde el número de protones de uno es igual al número de neutrones del otro. Estos núcleos son casi idénticos, pero una diminuta diferencia en sus radios de carga (del orden de centésimas de femtómetro) delata la contribución de las fuerzas tensoriales. Resultó que la diferencia de radios es especialmente sensible a la componente impar de la interacción tensorial, aquella que cambia de signo al intercambiar las partículas. Esto permitió afinar los parámetros de los modelos populares SLy5 y SGII sin recurrir a complejos experimentos de excitación nuclear.
Ahora, conociendo la tensión de los 'resortes impares', los físicos pueden calcular con mayor precisión las propiedades de la materia nuclear, desde la estabilidad de los elementos pesados hasta los procesos en las estrellas de neutrones. Y el método de los núcleos espejo se convierte en una herramienta universal: en lugar de excitaciones complejas, basta con medir el tamaño estático del núcleo gemelo.
Los núcleos espejo son una rareza: en la naturaleza se conocen menos de tres decenas. Pero precisamente ellos, como gemelos de laboratorio ideales, permiten aislar efectos que en los núcleos ordinarios quedan enmascarados.