Un agujero negro en pareja con una estrella funciona como una bomba: atrae el gas de la compañera, lo hace girar en un disco brillante y de vez en cuando expulsa parte de la materia en dos chorros estrechos. En 2021, el sistema 4U 1543-475 ofreció ese espectáculo. Los radiotelescopios captaron dos ráfagas de radio cortas: rastros de eyecciones que los astrónomos atribuyen al agujero negro, aunque en realidad son chorros nacidos cerca de él.
En esos mismos días, los telescopios de rayos X notaron que la emisión se volvió más dura: al brillo térmico del disco se sumó una contribución de una nube de electrones calientes, la corona. La reflexión de esa luz dura en las partes internas del disco se debilitó de tres a cuatro veces. Esto significa que la geometría del flujo interno cambió por un corto tiempo: el disco pudo haberse alejado y la corona, expandido. Las observaciones ópticas también mostraron variabilidad similar a la fracción reflejada.
No se pudo establecer la secuencia exacta de eventos: faltaron datos simultáneos. Pero una cosa está clara: el chorro no vive solo. Nace cuando el disco y la corona se reconfiguran. 4U 1543-475 brindó una rara oportunidad de ver esa reconfiguración simultáneamente en radio, rayos X y óptico.
La distancia a 4U 1543-475 es de unos 24 mil años luz, y la erupción de 2021 fue visible incluso con pequeños telescopios de aficionado: el sistema se volvió más brillante en óptico.
En 'Interstellar', el agujero negro Gargantúa está rodeado por un disco de acreción, y su brillo cambia cuando los protagonistas se acercan, similar a la variabilidad que los astrónomos detectan en sistemas binarios reales.